A las madres de Sión

Bienvenidas a mi Blog ! este es un espacio para que nos edifiquemos y fortalezcamos mutuamente al compartir experiencias espirituales y nuestro testimonio acerca de este evangelio restaurado y verdadero que conocemos. Además, son bienvenidas las ideas y las sugerencias para mejorar nuestras noches de hogar, para enseñar el evangelio a nuestros hijos y todo lo que conlleva ser las "madres de sión" , que por cierto, es una responsabilidad muy muy grande, pero que podemos llevar a cabo si no nos soltamos dela barra de hierro . Así que espero que disfruten de mi blog.



martes, 18 de octubre de 2011

No nos frustremos

“Hay madres que parecen tener la capacidad y las
energías para confeccionar la ropa de sus hijos, hornear,
dar clases de piano, ir a la Sociedad de Socorro,
enseñar en la Escuela Dominical, concurrir a las reuniones
de padres y maestros, etc. Otras madres ven a esas
mujeres como modelos; se sienten incapaces y deprimidas
y al compararse con las demás se consideran a
sí mismas como un fracaso.

No debemos dejarnos atrapar por esos dañinos sentimientos
de inferioridad, que son una más de las
armas de Satanás. Muchas hermanas se exigen ser
‘supermadres’ o ‘supermujeres’, y se presionan
demasiado a sí mismas.
Hermanas, no permitan sentirse insuficientes ni frustradas
porque no puedan realizar todo lo que otras
parezcan realizar; más bien, cada una debe examinar
su propia situación, medir sus propias energías y descubrir
sus propios talentos, y entonces escoger la
mejor forma de organizar a su familia en un equipo
cuyos miembros trabajen juntos y se apoyen mutuamente.
Sólo ustedes y el Padre Celestial conocen sus
propias necesidades, puntos fuertes y anhelos. Tengan
en cuenta ese conocimiento para trazar sus planes
personales y tomar resoluciones”

Élder Marvin J. Ashton

Familias de una sola madre o un solo padre

“A las madres y a los padres solos quiero decir unas
palabras especiales de aprecio. Sus cargas son pesadas.
Lo sabemos. Sus preocupaciones son profundas.
Nunca hay dinero suficiente. Nunca hay tiempo
suficiente. Hagan lo mejor que puedan y supliquen
ayuda al Señor para que sus hijos crezcan en gracia,
en comprensión, en logros y, lo más importante, en
fe. Si así lo hacen, vendrá el día en el que se arrodillarán
y, con lágrimas en los ojos, le agradecerán al
Señor Sus bendiciones.

A ustedes, las madres que están solas, sea cual
fuere la causa de su situación presente, tengan la
seguridad de que las tenemos en el corazón.
Sabemos que muchas viven en soledad, con inseguridad,
preocupación y temor. En la mayoría de los
casos, casi nunca les alcanza el dinero; sienten
constante inquietud por sus hijos y por el futuro de
ellos. Muchas se encuentran en circunstancias en las
que tienen que trabajar y dejar a sus niños solos, sin
alguien que los cuide. Pero si les dan mucho afecto
mientras son pequeñitos, si les hacen muchas
demostraciones de amor, si oran juntos, entonces
hay más probabilidad de que sus hijos tengan paz
en el corazón y un carácter íntegro. Enséñenles los
caminos del Señor. Isaías declaró: ‘Y todos tus hijos
serán enseñados por Jehová; y se multiplicará la paz
de tus hijos’ (Isaías 54:13).
Cuanto más eduquen a sus hijos en los senderos del
Evangelio de Jesucristo, con amor y altas metas, tanta
más seguridad hay de que tendrán paz en la vida.
Sean un ejemplo para sus hijos. Eso los beneficiará
más que todas las enseñanzas que les impartan. No
los echen a perder dándoles todo lo que quieran
.
Ayúdenles a crecer teniendo respeto por el trabajo
y comprendiendo la importancia que tiene
; deben
hacer que ayuden en los quehaceres de la casa y
aprendan a ganarse su propio dinero
.

Permitan a sus hijos ahorrar para la misión, y anímenles a prepararse
no sólo en lo económico sino también en el
aspecto espiritual, con el deseo de ir a servir al
Señor sin egoísmo alguno. No titubeo al prometerles
que si hacen esto, tendrán razón para contar sus
muchas bendiciones

Gordon B. Hinckley


lunes, 26 de septiembre de 2011

La niña y las perlas

La niña y las perlas

Jenny era una linda niña de cinco años de ojos relucientes.

Un día mientras ella con su mamá visitaban la tienda, Jenny vio un collar de perlas de plástico que costaba 2.50 dólares.

¡Cuánto deseaba poseerlo!

 Preguntó a su mamá si se lo compraría, y su mamá le dijo: Hagamos un trato, yo te compraré el collar y cuando lleguemos a casa haremos una lista de tareas que podrás realizar para pagar el collar, ¿está bien?

Jenny estuvo de acuerdo, y su mamá le compró el collar de perlas.

Jenny trabajó con tesón todos los días para cumplir con sus tareas. En poco tiempo Jenny canceló su deuda. ¡Jenny amaba sus perlas! Ella las llevaba puestas a todas partes: al kinder, a la cama, y cuando salía con su mamá.

Jenny tenía un padre que la quería muchísimo. Cuando Jenny iba a su cama, él se levantaba de su sillón favorito para leerle su cuento preferido. Una noche, cuando terminó el cuento, le dijo: “Jenny, ¿tú me quieres?”, “Oh, sí papá”. “Entonces, regálame tus perlas,” le pidió él. “¡Oh, papá! No mis perlas,” dijo Jenny. “Pero te doy a Rosita, mi muñeca favorita. ¿La recuerdas?, tú me la regalaste el año pasado para mi cumpleaños. Y te doy su ajuar también, ¿está bien, papá?”, “Oh, no hijita, está bien, no importa”, dándole un beso en la mejilla. “Buenas noches, pequeña”.

Una semana después, nuevamente su papá le preguntó al terminar el diario cuento: “Jenny, ¿tú me quieres?”, “Oh, sí papá, ¡tú sabes que te quiero!”, le dijo ella. “Entonces regálame tus perlas”. “¡Oh, papá!

No mis perlas; pero te doy a Lazos, mi caballo de juguete. Es mi favorito, su pelo es tan suave y tú puedes jugar con él y hacerle trencitas”. “Oh, no hijita, está bien,” le dijo su papá en la mejilla, “Felices sueños.”

Algunos días después, cuando el papá de Jenny entró a su dormitorio para leerle un cuento, Jenny estaba sentada en su cama y le temblaban los labios, “toma papá” dijo, y estiró su mano. La abrió y en su interior estaba su tan querido collar, el cual entregó a su padre. Con una mano él tomó las perlas de plástico y con la otra extrajo de su bolsillo una cajita de terciopelo azul. Dentro de la cajita había unas hermosas perlas genuinas. Él las había tenido todo este tiempo, esperando que Jenny renunciara a la baratija para poder darle la pieza de valor.

Esto me hace pensar las cosas a las cuales me aferro y me pregunto: ¿qué es lo que Dios me quiere dar en su lugar?

miércoles, 21 de septiembre de 2011

"Porque ella es madre"

Al hablar de las madres en general, deseo en especial elogiar y alentar a las madres jóvenes. La labor de una madre es ardua y muchas veces pasa desapercibida. Los primeros años son con frecuencia aquellos en que el esposo o la esposa, o ambos, se encuentran todavía estudiando o en esas primeras etapas de escasez en que el marido aprende la forma de ganarse el sustento. La economía familiar fluctúa diariamente entre poco y nada. Por lo general, la decoración del departamento se compone de uno o dos diseños: el de las tiendas de segunda mano o “a lo vacío”. El automóvil, si tienen, anda con las llantas lisas y el tanque vacío. Sin embargo, a menudo el problema mas grande que enfrenta una joven madre que de noche tiene que alimentar al bebe o atenderlo porque le están saliendo los dientes, es la fatiga. En el transcurso de esos años, las madres hacen mas con menos descanso y dan mas a los demás, con menor recompensa, que ningún otro grupo del que yo tenga conocimiento, en cualquier otra etapa de la vida. No es de sorprenderse que tengan enormes ojeras.
 ...esta claro que algunas de esas grandes ojeras no provienen solamente del cambio de panales y de ser el chofer de los niños, sino de algunas noches en vela haciendo una evaluación del alma, buscando con ansias alcanzar la capacidad de criar a esos hijos para que lleguen a ser lo que Dios desea que sean. Conmovido ante esa devoción y determinación, quisiera decirles a todas las madres, en el nombre del Señor Ustedes son magnificas. Están haciendo una excelente labor. El solo hecho de que se les haya dado esa responsabilidad es una evidencia eterna de la confianza que el Padre Celestial tiene en ustedes. El sabe que el dar a luz no las pone inmediatamente dentro del circulo de los omniscientes. Si ustedes y sus esposos se esfuerzan por amar a Dios y vivir el Evangelio; si ruegan por la guía y el consuelo del Santo Espíritu que se ha prometido a los fieles; si van al templo tanto para hacer como para reclamar las promesas de los convenios mas sagrados que un hombre o una mujer puedan hacer en este mundo; si demuestran a los demás, incluyendo a sus hijos, el mismo amor, compasión y perdón que desean que el cielo les conceda; si hacen lo que este a su alcance por ser buenos padres, habrán hecho todo lo humanamente posible y todo lo que Dios espera que hagan.

Jeffrey R. Holland

viernes, 9 de septiembre de 2011

Mis Tres Vestidos Blancos

Mama me compró un vestido
que es blanco y muy especial.
Es la segunda vez que uso uno
y no tengo ninguno igual.
Hace mucho tuve otro
que ahora guardo en un cajón.
Lo use hace ya largo tiempo
el día de mi bendición.
Era entonces muy pequeña
y, toda vestida de blanco,
mi papa me bendijo ese día
mientras me tenía en sus brazos.
Era también limpia y pura, y tenía que aprender
sobre el plan de nuestro Padre
para la gloria obtener.
Ahora tengo edad de saber
lo que es bueno y lo que es malo;
y hoy para mi bautismo
me he puesto un vestido blanco.
Quedaré limpia de pecado,
lo veo muy claramente;
me asiré a la barra de hierro,
lo prometo solemnemente.
El pecado manchará mi alma
como el barro mi vestido.
Pero quedaré otra vez blanca
después de haberme arrepentido.
Y si me esfuerzo de verdad,
seré muy bendecida
cuando en la Casa de Dios
entre, de blanco vestida.
Trataré de hacer lo justo
siempre desde mi bautismo,
que es ordenanza sagrada.
Por eso es blanco el vestido.
(Linda Gay Perry Nelson, l993.)

viernes, 26 de agosto de 2011

Eres o no Eres

Cuando otro actúa de mal manera,
decimos que tiene mal genio;
pero cuando tú lo ha...ces,
son los nervios.
Cuando otro se apega a sus métodos,
es obstinado; pero cuando tú lo haces,
es firmeza.
Cuando a otro no le gusta tu amigo,
tiene prejuicios;
pero cuando a ti no te gusta su amigo,
sencillamente muestras ser
un buen juez de la naturaleza humana.
Cuando otro hace las cosas con calma,
es una tortuga;
pero cuando tú lo haces despacio
es porque te gusta pensar bien las cosas.
Cuando otro gasta mucho,
es un despilfarro;
pero cuando tú lo haces, eres generoso.
Cuando otro encuentra defectos
en las cosas, es maniático;
pero cuando tú lo haces,
es porque sabes discernir.
Cuando otro tiene buenos modales,
es débil; cuando tú lo haces, eres cortés.
Cuando el otro rompe algo, es torpe;
cuando tú lo haces eres enérgico.
¿Por qué te fijas en la paja que tiene
tu hermano en el ojo y no te fijas
en la viga que tienes en el tuyo?
Veamos las virtudes de los demás,
y dejemos de juzgar, que conforme
a nuestro juicio seremos juzgados…
 

Desconozco el autor

miércoles, 17 de agosto de 2011

El Cuarto



En ese lugar, entre dormida y despierta, me encontré en el cuarto. No se podía distinguir nada excepto por una pared repleta de  pequeñas tarjetas en un archivo. Eran como las tarjetas de las bibliotecas que están divididas por nombres de autor o temas, en orden alfabético. Pero estos archivos que se extendían desde el piso hasta el techo y que parecían sin fin en cualquier otra dirección, tenía muchos y diferentes encabezados.

Al acercarme a la pared con los archivos, el primero en captar mi atención fue uno en el que se leía “personas que me han caído bien”. La abrí y empecé a ver nombres escritos en cada una de ellas. Y sin que nadie me lo dijera, supe exactamente donde estaba.

Este cuarto sin vida con sus pequeños archivos, era un crudo sistema catalogado para mi vida. Aquí estaban escritas las acciones de cada uno de mis momentos, grandes y pequeños, en tal detalle que mi memoria no podía igualar.

Una sensación de maravilla y curiosidad, acompañada de horror vino sobre mí mientras comenzaba a abrir los archivos, explorando sus contenidos. Algunos me trajeron alegrías y dulces memorias; otras un sentimiento de culpa y remordimiento, tanto que vi sobre mi hombro para saber si alguien estaba mirando. Un archivo  llamado “Amigos” estaba al lado de uno marcado: “Amigos que he traicionado”.

Los títulos iban desde lo mundano hasta lo justo, “Libros que he leído”, “Mentiras que he dicho”, “Consuelo que he dado”, “Bromas de las que me he reído”. Algunas eran divertidas en su exactitud. “Cosas que he gritado a mis hermanos”. Otras de las que no me podía reír. “Cosas que he hecho en mi enojo”, “Cosas que he murmurado a mis padres”. Nunca dejé de sorprenderme por los contenidos.
A veces había muchas tarjetas de las que esperaba. Otras veces menores de las que anhelaba.
Yo estaba sorprendida por el volumen de la vida que he vivido. ¿Podía ser posible que hubiera tenido el tiempo a mis 20 años de escribir cada una de las miles o quizás millones de tarjetas?  Pero cada una estaba escrita con mi letra. Cada una con mi firma en ella.

Cuando fui al archivo marcado “pensamientos lascivos”, sentí un temblor en mi cuerpo. Halé el archivo solo una pulgada, sin deseos de conocer su longitud, y saqué una tarjeta. Me estremecí de su contenido tan detallado. Me dio asco que tal pensamiento haya sido grabado.

Una rabia casi animal vino sobre mí. Un  pensamiento dominaba mi mente: ¡Nadie jamás debe ver estas cartas! “Nadie jamás debe ver este cuarto”. ¡Tengo que destruirlo!. En un instante de locura arranqué ese archivo completamente. Su longitud ya no me importaba. Tenía que vaciarlo y quemar las tarjetas. Pero al agarrar el archivo y al comenzar a querer tirar las tarjetas al piso no cayó una sola. Me desesperé y saqué una tarjeta  solo para descubrir que al tratar de romperla era tan fuerte como el acero. No podía destruirlo. Derrotada y enteramente sin esperanza, retorné el archivo a su lugar.

Apoyando mi pecho sobre la pared dejé salir un quejido de auto-lastima. Y  luego lo vi. El título decía: “Personas con las que he compartido el evangelio”. La agarradera estaba más brillante que todas las que estaban alrededor, más nueva, casi sin usar. Halé el archivo y una cajita de tres pulgadas de largo era su contenido. Podía contar el número de tarjetas con una mano.

Y entonces cayeron las lágrimas. Comencé a quejarme. El dolor comenzó en mi estómago y  se apoderó de mí. Caí sobre mis rodillas y lloré. Lloraba de vergüenza, por la bien sabida culpa de estas cosas; las filas de archivos pasaron por mis ojos llenos de lágrimas. “Nadie nunca debe saber de éste cuarto. Debo poner un candado y esconder la llave.”

Mas cuando limpié las lágrimas lo vi. No, por favor, Él no!,  No aquí!  ¡Oh!, quien sea menos Jesús! Lo miré mientras Él abría los archivos, y leía las tarjetas. No me atrevía a observar su reacción. Y en los momentos en que me atreví a ver su cara, vi un dolor mayor que el mío. Parecía ir a las peores cajas. ¿Porqué tenía que leer cada una?

Finalmente, Él se volvió y me miró desde el otro lado del cuarto. Me miró con lástima y no con enojo. Bajé la cabeza, me cubrí la cara con mis manos y comencé a llorar otra vez. Caminó hacia mí, y puso sus brazos a mi alrededor. Pudiera haber dicho tantas  cosas, pero Él no dijo una sola palabra. Simplemente  lloró conmigo.

Luego se levantó y regresó a la pared con  los archivos. Comenzando a un lado del cuarto, tomó los archivos, uno por uno, y comenzó a firmar su nombre sobre el mío en cada una de las tarjetas.

¡NO! Grité mientras iba hacia Él, lo único que se me ocurría era decir ¡no! ¡no! al tratar de quitarle las tarjetas de sus manos. Su nombre  no debería estar en estas tarjetas. Pero ahí estaba escrito en un rojo tan rico, tan oscuro, tan vivo. El nombre de Jesucristo cubrió el mío, estaba escrito con su sangre.

Gentilmente tomó las tarjetas de regreso. Sonrió tristemente y comenzó a firmar las tarjetas. Creo que nunca entenderé  como lo hizo tan rápido, pero casi al instante me pareció escuchar que cerró el último archivo y caminó de regreso a mi lado. Él puso su mano en mi hombro y dijo: “Está terminado”.

Me levanté, y Él  me sacó del cuarto. No había cerrojo en la puerta. Todavía había tarjetas que escribir!.