Este es uno de los discursos más poderosos que he escuchado en mi vida, y comparto una parte con ustedes ;).
Las apariencias pueden ser muy engañosas, y un parámetro pobre para juzgar a una persona. El Salvador amonestó: “No juzguéis según las apariencias”
Una miembro de una organización de mujeres se quejó una vez cuando se seleccionó a cierta mujer para representar la organización. Jamás había conocido a la mujer, pero había visto una fotografía de ella y no le agradó lo que vio, ya que consideraba que tenía sobrepeso. La mujer comentó: “De seguro podría haberse escogido una mejor representante entre los millares de mujeres de esta organización”.
Es cierto, la mujer que se había seleccionado no era “delgada como una modelo”; pero quienes la conocían a ella y a sus cualidades veían en la mujer mucho más de lo que se reflejaba en la fotografía. La fotografía sí mostraba que tenía una simpática sonrisa y confianza en sí misma. Lo que no mostraba era que era una amiga leal y compasiva, una mujer de inteligencia que amaba al Señor y que amaba y servía a los hijos de Él. No mostraba que servía voluntariamente en la comunidad ni que era una vecina considerada y que se preocupaba. En resumen, la fotografía no reflejaba quien ella era en verdad.
Yo pregunto: Si las actitudes, actos e inclinaciones espirituales se reflejaran en los rasgos físicos, ¿sería el rostro de la mujer que se quejó tan adorable como el de la que ella criticó?...
Thomas S. Monson
La caridad nunca deja de ser, conf. de la Soc. Soc. Octubre 2010